Miguel Ángel Heredia Díaz

Icon

Blog del Secretario General del PSOE-A de Málaga

Por principios

El PP nos encontrará siempre en el acuerdo y las soluciones, nunca en la confrontación.

Nos encontrará siempre en la búsqueda de soluciones para salir de la crisis, en la defensa de los intereses generales de los malagueños, en el acuerdo para dar respuestas a los problemas de los ciudadanos de la provincia, nunca en la confrontación. Cuando más crispado quiere el ambien político el PP, nosotros los socialistas tendemos la mano al PP de Málaga para alcanzar un pacto en el Ayuntamniento de Estepona que garantice la estabilidad de la institución; tendemos la mano para desbloquear proyectos de la ciudad de Málaga como el nuevo edificio del Instituo Nacional de la Seguridad Social o el Auditorio que permitirán la creación de miles de empleos; tendemos la mano para que las administraciones gobernadas por las dos formaciones remen en la misma dirección en asuntos capitales como el PGOU, el macrohospital o el soterramiento y tiendo la mano para que ambos partidos lleguemos a un acuerdo para expulsar de nuestras filas a los imputados por corrupción y dignificar así el ejercicio de la política.

Desgraciadamente, por lo que hemos visto estos meses atrás, el PP está más en la estrategia de la crispación y el enfretamiento que en el consenso y el acuerdo. Lo hemos visto en Estepona, donde pacta con imputados por presunta corrupción sin escrúpulos; lo hemos visto en Málaga, donde busca la confrontación permanente con la Junta de Andalucía; lo hemos visto en la Diputación y en los ayuntamientos socialistas de la provincia donde el PP ha puesto todas las trabas posibles a los presupuestos, dificultando la aprobación de grandes inversiones en estos momentos de crisis, y lo hemos visto en Alhaurín el Grande donde el PP ampara la corrupción manteniendo al único alcalde imputado por corrupción de la provincia.

No dudo de la buena voluntad del Sr. Bendodo pero me temo que se encuentra preso de las estrategias de su jefe en Sevilla, Javier Arenas, y de su jefe en Málaga, Francisco de la Torre. En cualquier asunto de los anteriormente citado, cuando el PP abra su puño, encontrará nuestra mano abierta. Ahora bien, ¿será capaz el Sr. Bendodo de convencer a Arenas de que ahora es el momento de entrar a forma parte del gobierno municipal de Estepona y no de pactar con imputados por supuesta corrupción? Si no lo es, quedará demostrado que Bendodo es un títere en manos de Arenas, un señor que lo único que quiere es el voto de los malagueños para quedarse a vivir en Sevilla.

Archivado bajo:General

Zapatero: La prioridad de la Presidencia Española será dar una voz fuerte y unida a la UE

Artículo del Presidente del Gobierno para la Fundación IDEAS sobre los objetivos y prioridades de la Presidencia Española de la Unión Europa, y los retos de la política internacional española en el siglo XXI. Este artículo da inicio a una serie de publicaciones de IDEAS sobre la Presidencia Española de la Unión Europea.

LOS RETOS DE ESPAÑA EN UN MUNDO MULTIPOLAR

Vivimos el momento fundacional de un nuevo orden internacional. Varias tendencias que venían gestándose desde la caída del muro han cristalizado con la crisis económica global, sentando las bases ya para la consolidación de un mundo multipolar. El reto de nuestra generación es asegurar que esta multipolaridad se gobierna con un multilateralismo eficaz que haga del diálogo entre países, regiones y sociedades el mecanismo de respuesta a retos comunes y de resolución y prevención de conflictos internacionales.

España puede y debe jugar un papel importante en este proceso; tenemos la oportunidad, la capacidad, y por tanto la responsabilidad, de hacerlo. También el interés; en un mundo interdependiente la defensa de nuestros intereses pasa por tener capacidad de acción en el exterior, a la vez que lo exterior nos afecta internamente. Una mayor presencia internacional nos permitirá aprovechar las oportunidades de un mundo abierto e interconectado y proyectar los intereses estratégicos de nuestro país de manera que garanticen nuestra estabilidad, seguridad y prosperidad.

Los retos que este nuevo orden nos plantea son varios y complejos. En primer lugar, es esencial crear una gobernanza global efectiva para poder dar respuesta a los retos globales que afrontamos. Ello pasa por reformar las instituciones y foros multilaterales, empezando, y de manera central, con la ONU. Debemos dotarles de mayor representatividad y legitimidad y lograr así mejorar su operatividad y eficacia. El G20 es un buen ejemplo; si una lección positiva ha dejado la crisis es que la gobernanza económica global ha funcionado. Debemos extender esta capacidad de colaboración a otros retos globales, como el de la seguridad. El refuerzo del Tratado de No Proliferación Nuclear, a corto plazo, y el gran objetivo marcado por el Presidente Obama de un mundo sin armas nucleares a largo, son metas con las que todos debemos sentirnos comprometidos. Sin olvidar lógicamente la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado, o el seguir trabajando sin descanso para la resolución de conflictos como Afganistán u Oriente Medio, cuyo enquistamiento supone una constante amenaza de seguridad para todos.

En segundo lugar, tenemos que dar respuesta a los grandes desequilibrios sociales y medioambientales que arrastramos; un mundo sostenible no es posible sin atajarlos. Entre ellos el más sangrante es, sin duda, el de convivir con mil millones de personas que pasan hambre en el mundo cuando hay ya riqueza material suficiente para evitarlo. Somos la primera generación con verdadera capacidad, y por tanto responsabilidad, para acabar con la pobreza. Por ello, debe ser prioritario cumplir con los Objetivos de Desarrollo del Milenio. En especial, en lo relativo a África, que sigue siendo la gran herida moral del mundo.

Un mundo sostenible requiere también, por supuesto, atajar la amenaza del cambio climático. El mundo se enfrenta en la Cumbre de Copenhague a un reto en el que debe mostrar su responsabilidad con futuras generaciones. España también está comprometida con esta labor, y nuestro liderazgo mundial en el ámbito de las energías renovables es buena prueba de ello.

Retos globales, todos ellos, que se suman a las tradicionales prioridades de la Política Exterior española. Capital entre ellas es nuestra contribución al desarrollo del proyecto europeo. La aplicación del Tratado de Lisboa durante nuestra Presidencia será una oportunidad única para hacer la Unión más efectiva y relevante para los ciudadanos europeos y fortalecer su papel en el mundo, que pasa por mejorar sus mecanismos de acción exterior. La creación de las figuras del Presidente del Consejo Europeo y del Alto Representante y Vicepresidente de la Comisión, junto con la creación de un Servicio Exterior, nos permitirán avanzar en esta dirección. Por ello, nuestra Presidencia tendrá como prioridad dar una voz fuerte y unida a la UE en el mundo.

Este fortalecimiento de Europa es también la mejor vía para potenciar la presencia de España en el mundo. Porque es a través de la UE como más y mejor podemos proyectar los intereses de España en el mundo. Construyendo, pues, Europa desde España, pero también construyendo Europa desde el mundo. Porque España debe ser el puente y la puerta de culturas para Europa. Por nuestra historia, cultura e identidad, nuestro país tiene una vocación mundial. España se hará, pues, más útil para Europa y fuerte en su seno en tanto en cuanto realice su vocación de presencia global.

Todo ello mientras continuamos potenciando nuestras relaciones con aquellas regiones que por diversas razones han de contar siempre con nuestra especial atención: Iberoamérica, el Magreb y los Estados Unidos, con cuyo Presidente constaté una total sintonía durante mi reciente entrevista. Y también reforzando nuestros vínculos con Rusia y haciéndonos cada vez más presentes en Asia para alinearnos con el giro geopolítico que está experimentando el mundo del Atlántico al Pacífico.

España debe, pues, jugar un papel importante en el nuevo orden internacional. Y lo estamos haciendo; desde el G 20, la ONU, la UE y otros muchos foros. Porque nuestro país tiene, sin duda, fortalezas sobre las que construir un proyecto de liderazgo exterior, en especial nuestro perfil de país multicultural y nuestra capacidad para servir de puente entre culturas y bloques regionales y actuar como “mediador fiable”. En un contexto de tensiones entre culturas como el actual, el mundo necesita una interlocución internacional basada en la empatia y el diálogo. España está especialmente capacitada para jugar este papel.

Y desde que soy Presidente del Gobierno he venido trabajando para ello. Lancé, ante el escepticismo de algunos, la iniciativa de la Alianza de Civilizaciones como instrumento para facilitar el diálogo y el multilateralismo. Una Alianza que ahora podrá poner todo su potencial al servicio del multilateralismo eficaz por el que la comunidad de naciones quiere decantarse, como quedó bien claro tras la intervención del Presidente Obama en la última Asamblea General de Naciones Unidas. España ha estado también, por primera vez en nuestra historia moderna, en el momento fundacional del nuevo orden mundial con nuestra asistencia al G20. Y hemos mostrado nuestro compromiso real con la lucha contra la pobreza mediante un incremento sustancial de la ayuda oficial al desarrollo – somos ya el séptimo donante internacional en enero 2009 e iniciativas como la Reunión de Alto Nivel sobre Seguridad Alimentaria para Tod@s con el co-patrocinio del Secretario General de Naciones Unidas.

Mi visión de la Política Exterior de España es pues la de una Política Exterior comprometida. Comprometida con los valores progresistas y solidarios de nuestro país y con una Acción Exterior que refleje lo que somos: un país decente, moderno, con confianza y que lleva al contexto internacional el espíritu dinámico y constructivo que creó nuestra democracia. Comprometida con las necesidades de los que menos tienen y alimentada por el compromiso social de los españoles, que saben que es posible cambiar la realidad política y social a través de la acción colectiva; que está en nuestras manos crear un mundo mejor y un orden internacional que evite la dominación de los más vulnerables por los más poderosos. Y comprometida con un multilateralismo eficaz, porque sabemos que es la única manera de resolver, unidos, los retos que el mundo global nos plantea.

Una Política Exterior, en suma, que combine nuestra vocación de cooperación y diálogo con la determinación para actuar con firmeza en defensa de los valores democráticos, los derechos humanos y la seguridad. Una Política Exterior idealista pero no ilusa, ambiciosa pero pragmática. Y consciente siempre de que, en un mundo globalizado, los retos de España tienen buena parte de su origen y solución fuera de nuestras fronteras; que trabajando por un mundo mejor hacemos también un país mejor.

Archivado bajo:General