Artículo en Diario Sur:
Resulta paradójico. El señor Moya (PP), nuevo alcalde de Benalmádena, justificó la moción de censura a nuestro compañero Javier Carnero sobre la acusación de que con el gobierno de la izquierda Benalmádena iba hacia atrás. Es por eso razonable preguntarse qué significa atrás en la política local de Benalmádena, que es prácticamente lo mismo que preguntarse qué significa atrás en toda la Costa del Sol. Atrás están los llamados independientes, giles, bolines, y demás. Atrás están los intereses inmobiliarios. Atrás está el descuido de la ciudad para vivir, el descuido de los servicios públicos, la falta de guarderías, de espacio para centros de salud o para escuelas. Atrás queda un crecimiento insostenible, el fin de los pueblos de la costa como comunidades de convivencia. Eso es atrás. O lo era hasta ayer en Benalmádena. Ahora, todo eso vuelve a estar por delante, el pasado vuelve a ser un horizonte más que probable.
En las pasadas elecciones municipales, los benalmadenses enviaron un poderoso mensaje democrático a través de las urnas dando por cerrados los veintiocho años de gobierno municipal de Bolín. Ahora, la codicia del PP ha devuelto al poder municipal de la ciudad esa vieja cultura. Lo ha hecho de la única manera posible, en el secreto de los despachos, en la oscuridad de los motivos, con la colaboración necesaria del transfuguismo. Es el transfuguismo la clave de bóveda de toda la operación del PP. Lo que la hace democráticamente inaceptable, o ‘non sancta’, si esta expresión le gusta más al señor Bendodo. El transfuguismo de una concejala que hace sólo dos años denunció al PP por haberle ofrecido dinero para que hiciera lo que ahora ha hecho.
El PP mete a Benalmádena en otra aventura Jurásica, no como la del Tívoli, no para atraer a la gente, sino para asustarla de verdad. Porque los dinosaurios que se han instalado en el Ayuntamiento más bien parecen velociraptores, y mucha prisa han de darse, porque sólo tienen dos años hasta las próximas elecciones. El viejo ecosistema que les permitió engordar tanto está desapareciendo. Cada vez queda menos espacio público para especular. La crisis del ladrillo acelera el final de un modelo productivo que se ha demostrado insostenible. Además, desde que ganó Zapatero, la Fiscalía Anticorrupción ha tenido los recursos legales y materiales, y el apoyo e impulso político que nunca tuvo antes. Esta otra aventura jurásica que ahora se inicia en el Ayuntamiento de Benalmádena está condenada a ser como Hobbes definía la vida en el estado de naturaleza: pobre, breve y brutal. Sin el cemento de las ideas y los valores compartidos, la coalición que se ha hecho con el gobierno local, sólo podrá sostenerse sobre la satisfacción de intereses privados. Y eso sólo puede acabar en la ruptura o en el escándalo, o en las dos cosas.
Dentro de dos años volverán a hablar las urnas en Benalmádena. Más alto y más claro todavía que en 2007. Ese día los señores Bendodo y Moya, y el PP de Málaga, descubrirán que para los ciudadanos y ciudadanas de Benalmádena avanzar son los 33 millones de euros en 64 proyectos de obra que deja a su ciudad Javier Carnero en sólo dos años de gestión como alcalde. Muchos sueñan ya con ese regreso al futuro.
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